AREOLibros

 Casa Desolada.

Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

AREOComics

 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

AREOMusica

 The Show.

Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

Andoliano y Sideral
Plantas carnívoras PDF Imprimir E-mail
Escrito por ferdinand   
Jueves, 10 de Mayo de 2007 12:21
No estoy el todo seguro, pero creo que en cierta ocasión, quizás en alguna de esas viviendas que solamente pisas una vez en tu vida para encontrarte con gente a la que olvidas rápidamente; o en algún acontecimiento cultural relacionado con la naturaleza… No soy capaz de recordar… Sin duda lo más justo sería ubicar el díscolo momento en la categoría de actos a los que acudes en actitud manifiestamente gutural. Simplemente. En definitiva, poco importa si ha sucedido o no. Es un pretexto para escribir, similar a los que buscamos los días extremadamente grises para poder seguir viviendo. La vida es un pretexto para no hablar de la muerte.

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No más peces PDF Imprimir E-mail
Escrito por ferdinand   
Martes, 03 de Abril de 2007 11:03
Siempre me ha gustado la pesca. Sobre todo con caña, en la playa y sin más compañía que el mar, con sus diferentes atuendos y estados de ánimo. En realidad poco importa que haga buena o mala mar, levante o poniente, brisa o vendaval, que esté despejado o que esté lloviznando. Lo mejor es estar allí solo, realizando una serie de actos de poca complejidad (montar, cebar, lanzar, contemplar, recoger; cebar, lanzar…una y otra vez), sentir la levedad de la arena bajo los pies, a veces desnudos; dejar pasar el tiempo y lamerse los labios de vez en cuando para comprobar tranquilamente que allí está la sal, cierta y mordiente como la línea del horizonte inalcanzable. 
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El animal avergonzado PDF Imprimir E-mail
Escrito por ferdinand   
Martes, 27 de Marzo de 2007 09:41
Nací en libertad, aunque ni siquiera supiera en qué consistía ciertamente. Crecí imbuido en esa misma libertad que seguía desconociendo. Iba y venía al colegio, todos los días, por el mismo camino. Aporreaba con los dedos las mismas vallas metálicas, sentía el tacto del mismo óxido en los mismos sitios, leía las mismas matrículas, arrancaba las mismas hojas verdes de los setos que no tuvieran que hacer que me detuviera. No había tiempo que perder cuando de ir a la escuela se trataba. 
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El Paseo de los Tristes PDF Imprimir E-mail
Escrito por ferdinand   
Martes, 20 de Marzo de 2007 23:53

Hay en Adra (Almería) una calle que se llama Paseo de los Tristes. Desconozco el porqué de tan descorazonador nombre y aunque he hecho algún pequeño movimiento para averiguar la razón, casi prefiero no saberlo. Mejor aún, prefiero no saberlo (adviertan que esto último lo escribo con toda la seriedad…Vamos, que me darán un buen disgusto si me hacen saber el motivo). Los nombres de las calles no significan nada. Como todas las convenciones, fueron creados para organizar un poco la vida, homenajear a fulanos de toda especie, bendecir a los carteros…No obstante, creo que sería mucho más feliz si viviera, por ejemplo, en la Avenida de Dostoyevski en lugar de en el Carril de Federico García Lorca.

Última actualización el Miércoles, 21 de Marzo de 2007 00:15
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La escasez de miedos PDF Imprimir E-mail
Escrito por ferdinand   
Viernes, 09 de Marzo de 2007 09:35

La valentía es bastante relativa, es por ello que a menudo se confunde con la simple y llana estupidez. En el caso de un soldado que se tira sobre una granada para salvar la vida de sus compañeros, todos pensaríamos en un primer momento que nos encontramos ante un héroe de proporciones míticas. Todos entenderíamos que sus familiares más directos no tuvieran que volver a dar un palo al agua en la vida. Todos querríamos que el caído disfrutara desde el más allá contemplando un túmulo dotado con la suficiente grandeza como para no ensombrecer la hazaña. Pero, ¿y el tipo que salva la vida por efecto de la proeza? ¿Quién se acuerda de él? ¿Qué sabemos de lo que ha sacado en claro de tan loable acontecimiento?

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