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Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

OCIO JUVENIL Y DROGAÍNA MALA (primera parte) PDF Imprimir E-mail
Escrito por Lacenaire   
Viernes, 05 de Diciembre de 2008 17:45

Viene siendo habitual encontrarse en los medios de comunicación noticias relacionadas con el aumento del consumo de estupefacientes entre la juventud, así como con el descenso de la edad media de los primeros contactos con la drogaína.

Los recientes informes sobre el elevado consumo de farlopa en nuestro país, unidos a los déficits instrumentales de la sanidad pública en el tratamiento de enfermedades derivadas de sus efectos han contribuido a generar cierto estado de alerta constante en las familias que recuerda aquellos 80 del jaco, tiempos en los que muchos supimos del yonki como un espectro de errabundo vagar que recurrentemente nos pedía dinero para el autobús.

 

Los de mi quinta aprendimos a temer las cosas del drogarse a través de este contacto directo con el consumidor habitual; seres famélicos y desastrados capaces de dormirse sobre la cama de un fakir con una jeringuilla colgando del brazo. Personas purulentas e infecciosas como palomas, ruinas orgánicas que se balanceaban hipnóticamente en los bancos públicos con la chaqueta del chándal montada sobre su cabeza como una tienda de campaña.

 

Con el paso del tiempo muchos descubrimos que la droga en sí misma era un universo más amplio que la heroína, y a medida que el tránsito de la adolescencia borraba las huellas de estos primerizos encuentros con la química aplicada a fines lúdicos, desaparecían los reparos. Como si quisiéramos representar la rendición de las lanzas, vimos en la primera gran campaña  contra la drogadicción el guión de nuestras vidas y nos propusimos demostrar que la vida empieza con los porros y acaba con el caballo. O no, porque ya habíamos constatado los devastadores efectos de la dama blanca- el demonio vestido de ángel del que hablaban los Kalis - , una imagen difícil de borrar.

Así y todo el yonki obtuvo un estatus reconocido en nuestra sociedad y protagonizó sus propias producciones culturales como el sonido de Barranquilla; festivas letanías ejecutadas por rumberos en barrios marginales. El cine no tardó en reflejar las inquietudes de la generación jaco en Films como Perros callejeros o El Pico, películas ambas que contaron con la participación de algunas de las más ilustres víctimas de este periodo : Antonio Flores y los celebérrimos Eskorbuto.

 

La heroína pareció esfumarse del panorama durante los 90, cuando toda la atención mediática y las alarmas se centraron en la ruta del bakalao y el movimiento makinero.

Era el momento de Scorpia, Paco Pil y Chimo Bayo, 2Unlimited y Snap, cuando el liviano chasis del Seat Ibiza se cobró tantas jóvenes vidas en las carreteras valencianas y el masillas quedó instituido como el integrante de una nueva tribu urbana con su propia e intransferible personalidad ,y denominación de origen: España.

 

Fue entonces cuando la imagen del consumidor trascendió los ambientes marginales para ocupar un nicho de mercado abierto a pico y pala por una mezcla de apatía juvenil, relajación del control paterno y exuberancia televisiva. El momento en que nuestro país entró en la modernidad más moderna, contemporánea – de la eclosión tardía de la cultura Rave nacida en UK- y extemporánea – porque llegaba en mal momento, o con retraso, dicho sea sin ánimo de ofender –,modernidad marcada por la irrupción de las drogas de diseño en el panorama del ocio nocturno, Telecinco, La quinta Marcha, Fernandisco y Dragon Ball. Parecen tiempos lejanos, arcaicos, extraviados en la memoria de este insignificante astro atrapado en la órbita solar.¿Fue hace tanto? ¿Qué ha pasado durante ese tiempo? Y lo más importante ¿cuál es la situación actual?

 

 DROGAÍNA NOW 

Decíamos que la ruta del bakalao había cambiado la percepción y uso general de las drogas en España tras una década de monopolio de la heroína. De la cruda marginalidad de los barrios periféricos se pasó al frívolo y chispeante jolgorio discotequero. No tardaría mucho, sin embargo, en generalizarse en estos ambientes – el de las Scorpia, las Space, los Kapital…- un cierto tipo de cultura marullera e hiperviolenta que hacía suyas señas de identidad propias de la extrema derecha y la España conservadora ( el folclore taurino, las enseñas nacionales, los símbolos preconstitucionales…) , añadiéndole cierto toque fashion y cibernético dabuten, quedando el bakala (aka pelocenicero, aka masillas, aka mascachapas, aka poquero, aka…) definido tal y como lo conocemos hoy día.

 

A pesar de todo el mercado de las drogas no quedó en manos de un solo colectivo. La modernización de la que hablábamos más arriba terminó por afectar al mundo de la moda, especialmente a todo lo relacionado con las tribus urbanas. Si bien los 80 contaron con su particular despertar lisérgico de la mano de la movida, los 90 no fueron a la zaga a la hora de actualizar el panorama fagocitando las nuevas tendencias que nos llegaban, como siempre, del ámbito anglosajón. Y aunque al principio de este cambio fuesen las tribus quienes se  incorporaron con mayor entusiasmo al consumo, no tardó mucho en generalizarse al resto de la población.

 

Los 90 fueron ante todo la década de la desmarginalización de los estupefacientes. No es posible ya hablar de drogas en términos de afinidades ( como la alianza entre cocaína y yuppie, speed y punki borrokero, éxtasis y bakala…) porque aquí quien más y quien menos le ha dado lo suyo a algo. No ha sido gracias a jóvenes problemáticos y disfuncionales hijos del lumpen de extrarradio, dipsómanos impenitentes o criminales en ciernes que España se ha colocado entre los primeros puestos de países consumidores. Nuestro puesto de honor entre las naciones cocainómanas es una labor colectiva, quizás motivo de orgullo, quizás de vergüenza, pero edificada ladrillo a ladrillo y mano a mano por el conjunto de la hispanidad.

Así, tiro a tiro y porro a porro, llegamos al ahora, al Now del país de la fiesta, la paella,  el toro embolao, El Prado, el Parque Güell y Miranda del Ebro.

 

Próximamente, de la mano de su camello habitual:

La guerra contra la droga son los padres

Última actualización el Domingo, 07 de Diciembre de 2008 20:52