AREOLibros

 Casa Desolada.

Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

AREOComics

 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

AREOMusica

 The Show.

Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

La guerra de los sexos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Gonzalo Gala   
Martes, 19 de Agosto de 2008 19:19

Las mujeres alargan las broncas porque tienen mejor memoria. Los estudios sobre el riego sanguíneo en diversas partes del cerebro basados en recordar historias, confirman que cuando las mujeres memorizan los episodios anteriores, se da un mayor riego en la parte encargada de sistematizar y les resulta más fácil archivarla para recuperarla más tarde. La causa es una mayor cantidad de estrógenos, una sustancia vinculada con la mayor capacidad de aprendizaje y memoria.
Por otra parte, el cerebro activa las frases que más duelen. Al pelearnos se dice que hablamos con el corazón y no con la cabeza, pero no es cierto. Esto se debe a que se activa la amígdala, la parte del cerebro que controla las emociones y que hace reducir la capacidad de razonar. Del mismo modo, el cerebro sufre con el desamor. La sensación de dolor en una ruptura es similar a la de un niño cuando le alejan de su madre. El cerebro comunica al cuerpo que algo doloroso ha sucedido, produciéndose unos síntomas fisiológicos (dolor de estómago, sensación de cansancio). Debido a esto, se explica que los mimos, el chocolate y el ejercicio sirvan de sustitutivos del amor. La endorfina y la oxitocina son sustancias químicas que producen una sensación placentera.
Pero también se producen diferencias entre ambos sexos que permiten romper tópicos en las relaciones. Los hombres tienen problemas para captar el lenguaje no verbal y por eso creen que son ellos quienes dan el primer paso, a la hora de ligar, cuando siempre hay una mirada previa de la mujer. A menudo las mujeres se quejan de que los hombres no saben "leerlas", pero se debe a que el cerebro masculino no interpreta las señales no verbales tan bien.
A nivel sexual, hombres y mujeres también se definen por la inversión del esfuerzo y tiempo que los padres hacen con sus hijos. Así, podemos señalar como regla general los machos suelen dedicar poco tiempo a la prole, aunque el ser humano sea algo especial en este sentido porque cuida de sus hijos y además de su pareja. En este cambio de roles tiene gran importancia la belleza y el emparejamiento sexual, en donde el hombre propone y la mujer dispone. Podemos empezar por el ideal de belleza. Se suele decir que la belleza es relativa, que en la variedad está el gusto, que la belleza es algo superficial. Definitivamente no. La presión de la selección natural ha hecho que ellos compitan en aspectos como la fuerza y ellas por la belleza y la evolución ha moldeado los cuerpos hasta producir interesantes cambios, con formas sinuosas y armónicos y partes proporcionadas, como algunos de los elementos que hacen que el hombre se sienta atraído por la mujer.
Las diferencias no sólo son físicas, sino también podríamos hacer una diferención entre ellas y ellos según las aptitudes -los hombres son mejores en lo relativo en mecánica intuitiva, mientras que las mujeres son más aptas en lenguas-; los gustos (ellos prefieren las cosas y ellas, las personas); o los temperamentos -los hombres son más oportunistas, ambiciosos, competitivos y les gusta presumir-, las mujeres suelen destacar menos en estos aspectos. Otros puntos de diferencias entre sexos son igualmente interesantes, pero pasan desapercividos para la mayoría. En esto deberíamos citar un concepto que aplica la especialista en el tema, la doctora Helena Cronin, "los polos o polas de distribución". Si pensásemos entre los mejor y lo peor, entre las mujeres no hay grandes diferencias, que sí existen entre ellos. Es decir, entre los hombres hay más necios y delicuentes pero también más premios nóvel, y son ellos los que dirigen el mundo y se sitúan en los puestos más altos en el ámbito empresarial. No por machismo sino por esta actitud, pero no se suele mencionar el detalle de los peores criminales cuando se critica que los hombres estén en los puestos más altos.
Las diferencias de capacidades, gustos y aptitudes son innatas, nacemos con ellas, pero la educación y la cultura también determinan estos valores y diferencias. Estas no son recientes ni se producen de manera albitrarias, sino que explican cómo está organizada nuestra sociedad, por qué hay más hombres que mujeres que llegan a ser empresarios o científicos de renombre.
Desde que somos bebés, niños y niñas manifestamos gustos diferentes y también hay cosas que se nos dan mejor. Como algo general, los niños prefieren las matemáticas y tienen mayor capacidad para trabajar con formas geométricas; son más competitivos y ambiciosos. Las niñas, en cambio, tienen una mayor capacidad verbal y llegan a la madurez en la adolescencia, antes que ellos. Suelen ser más empáticas y prefieren trabajos que tengan que ver con personas, que impliquen ayudar y enseñar. Antes de cumplir el segundo año de edad, los psicopedagogos y psicológos suelen experimentar con los niños, mostrándoles unos juguetes con unas diferencias sexuales tipificadas. Así, las niñas juegan con las muñecas y las cocinitas, y los niños con los coches y a las cosas de acción. Si fuera sólo por la interacción social, no se entendería el comportamiento a una edad tan temprana en la que aún no han integrado la información y los extereotipos. Es posible que esta viniese por captaciones imágenes e ideas, tomadas del ámbito doméstico; si se le pregunta a un niño de seis años que diferencien las tareas de los padres, quizás digán: "las mamás cuidan a los niños y los papás, trabajan. Siempre trabajan en las empresas, en los deportes y son presidentes, pero en la limpieza, no les gusta trabajar en casa".
Desde hace varios cientos de millones de años, la evolución se dividió en dos caminos, las células reproductoras, que marcan el sexo, entre los espermatozoides y óvulos, y desde entonces, las diferencias entre ellos no han hecho más que manifestarse. Resulta muy correcto y loable señalar una igualdad entre hombres y mujeres, deberíamos dirigirnos en ese sentido, pero no somos iguales y tampoco tenemos porqué fingirlo. Eso sí, la cultura y la educación debe romper las barreras, los lazos que nos diferencian en los aspectos sociales y económicos, aquellos que definimos a lo largo de la vida y que no vienen impuestos por la genética. Esta debería ser una meta común, el objetivo para demarcar definitivamente las diferencias sexuales, la guerra de los sexos.